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Cuando el autocuidado deja de ser bienestar y se convierte en exigencia

En busca de cumplir con rutinas saludables, el cuidado personal puede convertirse en una carga más que se suma a las obligaciones cotidianas y genera estrés. Expertos consultados por Infobae dieron estrategias para recuperar el autocuidado como fuente de bienestar.

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Tomar dos litros de agua por día. Hacer ejercicio aeróbico (pero no descuidar la fuerza). Comer saludable. Meditar. Ir a terapia. Cultivar vínculos saludables. Comer cinco frutas (pero la pulpa, no vaya a tomar el jugo). Exponerse al sol para sintetizar vitamina D (pero usar protector solar todos los días). Y dormir ocho horas por día (si le queda tiempo).

La lista podría seguir porque la cultura del bienestar instaló el autocuidado como un valor central. Pero lo cierto es que muchas personas experimentan el cuidado propio como una obligación más que una fuente real de bienestar, y la presión de cumplir con infinidad de rutinas saludables, sumada a las demandas laborales, familiares y sociales, conduce a que el autocuidado pierda su sentido original y se transforme en una carga.

“El autocuidado deja de ser autocuidado cuando ya no responde a una necesidad personal y empieza a responder a una exigencia cultural”. Así comenzó a explicar el fenómeno el médico dermatólogo funcional y especialista en psiconeuroinmunologia y longevidad Lucas Ponti (MN 130.388).

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Según su mirada, muchas prácticas que antes formaban parte de la vida cotidiana se transformaron en mandatos de optimización. “Hoy hemos creado una sociedad que nos aleja de nuestra biología y luego nos vende herramientas para volver a acercarnos a ella. El problema no es meditar ni entrenar. El problema es que el autocuidado se convirtió en una obligación moral”, afirmó ante la consulta de Infobae.

Con él coincidió la licenciada en Psicología Belén Tarallo (MN 72.020), miembro del Departamento de Psicoterapia cognitiva de INECO, para quien el fenómeno se relaciona con la rigidez cognitiva: “El autocuidado cruza la línea de lo saludable cuando deja de guiarse por una necesidad interna y pasa a ser controlado por una regla externa, como el ‘tengo que’ o el ‘debería’”.

En ese sentido, Tarallo advirtió que la llamada “trampa de la industria del bienestar” puede transformar actividades placenteras en mandatos autoimpuestos. “Si el autocuidado se transforma en una lista de tareas eterna e imposible de cumplir, en vez de aumentar el bienestar, va a generar todo lo contrario”, subraya.

Desde la perspectiva de la consultora psicológica Valeria Roca, el autocuidado se vuelve una exigencia cuando se convierte en un modelo de estandarización: “Cuando hablamos de autocuidado, hablamos de nuestra propia singularidad. No hay nada que sea para todos. Si buscamos fórmulas universales, perdemos la autopercepción y nos desconectamos de lo que verdaderamente necesitamos”.

Señales de alerta: cómo detectar que el autocuidado genera estrés

Mujer de mediana edad, con cabello oscuro y camiseta azul, mira un plato blanco con pollo a la parrilla, brócoli, tomates cherry y quinoa en una cocina luminosa.

El cuerpo y la mente envían señales claras cuando el autocuidado deja de ser tal. En este punto, la doctora en Psicología, especialista en clínica, docencia e Investigación en Psicoterapia orientada en Mindfulness Mariam Holmes (MP 20.463) consideró que el autocuidado se vuelve una exigencia cuando “el motor que lo mueve deja de ser la autocompasión y pasa a ser el rendimiento”.

La especialista describió tres indicadores principales: rigidez mental (“tengo que” en lugar de “elijo esto para mí”), tensión física o ansiedad antes de iniciar una práctica, y la sensación de alivio por “haber cumplido” en vez de calma o vitalidad.

Consultada acerca de cómo puede una persona darse cuenta de que el autocuidado dejó de ser tal y se convirtió en un motivo de estrés, Tarallo propuso prestar atención a tres categorías de señales: emocionales (culpa o ansiedad asociadas al cuidado propio), cognitivas (pensamientos rígidos y autocríticos) y fisiológicas (tensión muscular, respiración agitada o taquicardia). “El objetivo del autocuidado sería activar el sistema de relajación y calma, no el de alerta”, señala.

Ponti, por su parte, lo sintetizó así: “Veo pacientes agotados no por una enfermedad, sino por intentar hacer todo bien. En vez de escuchar su cuerpo, lo monitorean”. E invitó a hacerse una pregunta: “Si mañana no pudiera cumplir con mi rutina de bienestar, ¿sentiría tranquilidad o culpa? Si aparece culpa, ansiedad o sensación de fracaso, probablemente el autocuidado se transformó en una exigencia”.

Al respecto, Roca subrayó que muchas personas cumplen con hábitos saludables y, aun así, no logran cuidarse realmente: “Pierden la noción de sus propias necesidades y se preguntan qué hicieron mal, en vez de preguntarse qué necesitan”.

La culpa detrás del autocuidado: creencias y formas de soltarlas

Mujer de mediana edad con expresión cansada sentada en una cocina, con una fila de frascos de suplementos vitamínicos y píldoras en la encimera.

Cuando el autocuidado se vuelve una carga, la culpa no tarda en aparecer. Según los especialistas, responde a creencias muy arraigadas. Tarallo identificó entre ellas: “Mi valor como persona depende de cuán productiva soy”, “si descanso, soy vaga”, o “tengo que ser perfecto en todas las áreas de mi vida”. Holmes sumó: “Existe la falsa idea de que si no nos estamos mejorando continuamente, somos defectuosos o perezosos”.

Ponti consideró que vivimos en una “cultura obsesionada con la optimización”. Para él, “cuando no se cumple con lo que ‘está bien’, aparece la culpa”. “Además, existe una idea muy peligrosa: que si no estamos bien es porque no nos estamos esforzando lo suficiente. Eso ignora algo fundamental: somos seres humanos, no máquinas”, reforzó.

Según Tarallo y Holmes, algunas estrategias para dejar atrás la culpa consisten en identificar y observar el pensamiento crítico. Tarallo recomendó aplicar el concepto de defusión cognitiva, propuesto por la Terapia de Aceptación y Compromiso, que implica tomar distancia de los pensamientos y analizarlos con perspectiva. Por su parte, Holmes sugirió reconocer la culpa y dirigir la atención hacia la necesidad presente. Si el cuerpo requiere descanso en vez de ejercicio, validar esa necesidad biológica se convierte en un acto genuino de autocuidado.

En la misma línea, Roca señaló que la raíz de la culpa muchas veces está en la búsqueda de aceptación social: “Nos preocupamos más por rejuvenecer que por atravesar saludablemente cada etapa de la vida. Cuando no llegamos, nos juzgamos”.

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