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Lo que ocurre si los motores de un avión dejan de funcionar en pleno vuelo

La ingeniería aeronáutica y los sistemas de respaldo permiten que una aeronave recorra decenas de kilómetros incluso después de perder toda su propulsión

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La posibilidad de que un avión pierda todos sus motores en pleno vuelo es uno de los escenarios que más temor genera entre los pasajeros. Sin embargo, la ingeniería aeronáutica y los protocolos de seguridad están diseñados para afrontar incluso esta situación extrema. Aunque se trata de una emergencia grave, la pérdida total de propulsión no significa necesariamente una catástrofe ni un accidente inevitable.

Los aviones comerciales modernos cuentan con sistemas que les permiten continuar volando sin motores durante un tiempo determinado. Gracias a su diseño aerodinámico, pueden planear durante decenas de kilómetros, lo que brinda a los pilotos un margen crucial para intentar reiniciar los motores o dirigir la aeronave hacia un aeropuerto o una zona segura.

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Así lo explicó Perico Durán de Inclán, comandante de Airbus A320, durante el podcast “Tómatelo con Vino”. Según el piloto, “si fallan los motores, el avión planea bastante”, una característica que forma parte del diseño de las aeronaves comerciales actuales.

Un avión no cae en picada si es pierde el total control de sus motores. EFE/Quique Curbelo

Los aviones están preparados para operar con un motor menos

Las normativas internacionales obligan a los fabricantes a demostrar que los aviones pueden continuar volando incluso si uno de sus motores deja de funcionar.

En el caso de las aeronaves con dos motores, como muchos modelos utilizados en vuelos comerciales, deben ser capaces de despegar y completar el trayecto con uno de ellos inoperativo. Esto hace que los fallos parciales de propulsión sean situaciones de emergencia manejables y no necesariamente un riesgo inminente para los pasajeros.

Durán de Inclán señaló que, a escala mundial, se registran alrededor de 150 fallos de motor al año sobre un total de más de 40 millones de vuelos, una proporción que refleja la baja probabilidad de este tipo de incidentes.

Vista frontal de un avión comercial blanco sobre una pista oscura. Al fondo, bajo un cielo de atardecer, se observan edificios industriales, chimeneas y grúas de construcción.

Qué ocurre si todos los motores dejan de funcionar

En el excepcional caso de una pérdida total de potencia, el avión no cae en picada. Por el contrario, continúa desplazándose gracias a sus alas y se comporta como un planeador.

Dependiendo de la altitud a la que se encuentre, una aeronave puede recorrer entre 10 y 15 kilómetros por cada kilómetro de altura antes de tocar tierra. Este margen permite a la tripulación evaluar la situación y ejecutar los procedimientos correspondientes.

Además, las aeronaves disponen de una turbina de emergencia conocida como RAT (Ram Air Turbine), un sistema que se despliega automáticamente y genera energía para mantener operativos los instrumentos esenciales y los controles de vuelo.

El entrenamiento de los pilotos es fundamental

Los pilotos comerciales reciben entrenamiento constante para afrontar escenarios de este tipo.

Los protocolos incluyen una serie de pasos definidos, como intentar reiniciar los motores, informar la emergencia a los controladores aéreos y efectuar un descenso controlado hacia la alternativa más segura disponible.

Estas maniobras son practicadas regularmente en simuladores de vuelo, lo que permite a las tripulaciones reaccionar de manera rápida y coordinada frente a situaciones poco frecuentes.

Casos reales que demostraron que es posible aterrizar sin motores

La historia de la aviación registra varios episodios que evidencian la capacidad de las aeronaves para planear sin propulsión.

Uno de los más conocidos ocurrió en 2009 con el vuelo 1549 de US Airways. Poco después del despegue, el avión perdió ambos motores tras impactar con una bandada de aves. El capitán Chesley “Sully” Sullenberger logró realizar un amerizaje de emergencia sobre el río Hudson, en Nueva York, salvando la vida de las 155 personas a bordo.

Otro caso emblemático tuvo lugar en 1983 con el vuelo 143 de Air Canada. Debido a un error en la carga de combustible, la aeronave perdió ambos motores y planeó más de 100 kilómetros antes de aterrizar de manera segura en una antigua base aérea.

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