Britney Spears ha dicho “basta”. La cantante estadounidense respondió con firmeza a las recientes declaraciones de su exesposo, Kevin Federline, quien en su próximo libro de memorias You Thought You Knew la describe como una madre inestable y “en caída libre”.
En un extenso mensaje publicado en Instagram, Spears afirmó sentirse “agotada por la constante luz de gas” término usado para describir una manipulación psicológica que busca distorsionar la percepción de la realidad por parte del padre de sus dos hijos, Sean Preston y Jayden James, de 20 y 19 años.
“La constante luz de gas por parte de mi exesposo es extremadamente dolorosa y agotadora. Siempre he suplicado tener una vida con mis hijos. Las relaciones con adolescentes varones son complejas, pero siempre he querido ser parte de su mundo”, escribió la intérprete de Toxic y …Baby One More Time.
La artista, de 43 años, también rechazó los pasajes del libro en los que Federline asegura que sus hijos “tenían miedo” de ella y que en ocasiones la veían “de pie en la puerta con un cuchillo”. Spears calificó esas descripciones como “mentiras que solo buscan lucrarse a su costa”.
“Esas mentiras piadosas en ese libro van directas al banco y yo soy la única que realmente sale herida”, subrayó.
La cantante lamentó el distanciamiento con sus hijos, asegurando que uno solo la ha visto durante 45 minutos en los últimos cinco años, mientras que el otro apenas en cuatro ocasiones.
“Yo también tengo orgullo. A partir de ahora, les haré saber cuándo estoy disponible”, agregó.
Spears, quien en 2021 logró poner fin a la tutela legal que su padre mantuvo sobre ella durante casi 14 años, aseguró que ha intentado mantener una vida “sagrada y privada”, alejada del ruido mediático.
“Hablo de esto porque ya he tenido suficiente y cualquier mujer de verdad haría lo mismo”, concluyó.
La controversia estalla a pocos días del lanzamiento del libro de Federline, previsto para el 21 de octubre, que promete detallar los años más turbulentos de su relación con la estrella del pop. Sin embargo, para los seguidores de Britney, esta nueva disputa pública parece un intento más por revivir viejas heridas y cuestionar la independencia emocional de la artista, justo cuando había empezado a reconstruir su vida fuera del control ajeno.







