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Cáncer de pulmón en no fumadores

La enfermedad ya no se considera “rara” y es la quinta causa de muerte por tumores entre los no tabaquistas. Los médicos advierten que, en la mayoría de los casos, se detecta cuando ya es difícil de tratar

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Una convulsión en la cocina, una resonancia magnética y tres tumores cerebrales: así empezó, para Lily Nguyen, una historia que no encajaba en el imaginario clásico del cáncer de pulmón. “Me quedé en shock”, recordó la residente de Los Ángeles cuando, tras la biopsia, le confirmaron un diagnóstico que todavía muchos asocian casi de manera automática al cigarrillo: cáncer de pulmón. Pero Nguyen nunca fumó.

Fue diagnosticada con cáncer de pulmón en fase avanzada en julio de 2025, sin antecedentes familiares conocidos. Su caso, difundido por la revista científica Nature, se convirtió en una puerta de entrada a un fenómeno que los especialistas ya describen como una entidad clínica y biológica distinta: el cáncer de pulmón en personas no fumadoras, con factores de riesgo propios, mutaciones características y desafíos específicos para la prevención y la detección temprana.

En el mundo, esta enfermedad mantiene una carga sanitaria alta: en 2022 se estimaron 2.480.675 casos nuevos y 1.817.469 muertes, según el World Cancer Research Fund, con base en GLOBOCAN/IARC. En ese contexto, los equipos médicos advierten que la proporción y, en algunos países, también el número de diagnósticos en n

La patología en no fumadores aumenta en distintas regiones y se observa con particular atención en mujeres asiáticas jóvenes. Aunque el tabaquismo sigue explicando la mayoría de los casos, múltiples investigaciones identificaron otros riesgos: contaminación del aire, exposición a radón, combustión doméstica en espacios cerrados y alteraciones genéticas adquiridas.

(Imagen Ilustrativa Infobae)

Al día siguiente repitió el episodio, lo grabó en video y se lo mostró a otra médica, quien pidió una resonancia magnética. El estudio reveló tres tumores en el cerebro. Cinco días después, la operaron. La biopsia determinó el origen: cáncer de pulmón en fase 4.

Su historia coincide con la de otras pacientes sin tabaquismo ni factores hereditarios evidentes, un patrón que los oncólogos describen cada vez con más precisión clínica y molecular.

Un diagnóstico que ya se describe como “entidad distinta”

“Después de años de asociar el cáncer de pulmón principalmente al consumo de tabaco, los casos en personas no fumadoras se hacen cada vez más visibles”, explicó Jaclyn LoPiccolo, oncóloga torácica del Dana-Farber Cancer Institute, en diálogo con Nature. LoPiccolo sostuvo que este diagnóstico ahora se reconoce como “una entidad biológica distinta”.

Según Nature, el cáncer de pulmón en personas no fumadoras es actualmente laquinta causa más común de muerte por cáncer en el mundo. A medida que el consumo de tabaco disminuye, los oncólogos dedican más tiempo a estos pacientes.

En ese sentido, el investigador Charles Swanton, del Francis Crick Institute de Londres, advirtió que no se trata solo de un efecto proporcional por la caída del cigarrillo: “Se observa un aumento real y absoluto en los casos de cáncer de pulmón en no fumadores”, indicó al medio científico.

Los especialistas consultados coincidieron en un punto: todavía hay causas que no se comprenden del todo, pero la urgencia es clara. Si no se identifican con precisión los riesgos y los grupos vulnerables, seguirán multiplicándose los diagnósticos tardíos, cuando el margen de intervención curativa es menor.

Causas y riesgos: del radón a la contaminación del aire

El tabaquismo continúa como el principal factor causal del cáncer de pulmón, pero el mapa de riesgos en no fumadores es más complejo. En Estados Unidos, el 12% de los casos afecta a personas que nunca fumaron; en Asia, la proporción supera el 30%. En ese grupo, dos tercios son mujeres.

Entre los factores asociados, Nature destacó mutaciones adquiridas (no heredadas) que aparecen con frecuencia en no fumadores. Un ejemplo es EGFR: en Taiwán, este tipo de alteración se detectó en casi la mitad de las mujeres diagnosticadas sin haber fumado. Dean Hosgood, epidemiólogo del Albert Einstein College of Medicine, subrayó que el peso ambiental podría ser mayor que el de la genética heredada.

En Asia, los estudios también relacionaron el riesgo con la exposición al radón, un gas radiactivo natural, y con el uso de carbón para cocinar en interiores con ventilación deficiente.

En la lista de hipótesis bajo investigación aparecen, además, hierbas como la Aristolochia (utilizada en la medicina tradicional china), microplásticos y consumo de alimentos ultraprocesados. Por su parte, Martin Tammemägi, epidemiólogo de la Brock University, resumió la escala del problema: “Estoy investigando 174 exposiciones potencialmente relevantes que podrían estar asociadas”.

Un trabajo dirigido por Ludmil Alexandrov, de la University of California, San Diego, reportó una relación marcada entre niveles de contaminación del aire y la carga de mutaciones asociadas al cáncer de pulmón. Su equipo detectó, además, una señal molecular común cuyo origen todavía no se definió, un hallazgo que refuerza la idea de mecanismos compartidos más allá del tabaco.

En mujeres asiáticas, los equipos exploran variables biológicas adicionales: diferencias en función inmune, influencia hormonal y metabolismos distintos de carcinógenos. Wei Jie Seow, epidemióloga de la National University of Singapore, señaló que factores reproductivos influyen en el riesgo: “Mientras más veces ha dado a luz una persona, menor es el riesgo de cáncer de pulmón. También disminuye si el primer parto se produce a mayor edad”.

Según esa línea de investigación, en mujeres menores de 60 años prevalecerían mutaciones vinculadas a procesos biológicos internos, mientras que en las de más edad aparecería un patrón más consistente con impacto ambiental.

Heather Wakelee, oncóloga de la Stanford University, lidera un estudio con más de 500 mujeres asiáticas para identificar factores predisponentes: “Estamos viendo si podemos descubrir qué las predispone”, afirmó a Nature.

Detección temprana: el punto débil del sistema

La supervivencia depende en gran parte del estadio al momento del diagnóstico. En fases iniciales, la cirugía puede ser curativa; en etapas avanzadas, se utilizan tratamientos sistémicos, incluidas terapias dirigidas, porque la intervención quirúrgica suele ser inviable.

La detección tardía se explica por dos factores combinados: baja sospecha clínica en pacientes jóvenes sin tabaquismo y guías nacionales de cribado centradas en grandes fumadores. Una alternativa que gana interés consiste en revisar tomografías computarizadas realizadas por otros motivos para identificar nódulos que ameriten seguimiento.

En un hospital de Ohio, David Carbone y su equipo revisaron miles de tomografías y detectaron un problema operativo: más de la mitad de los casos sospechosos no tuvo el control adecuado después del hallazgo inicial. Cuando aplicaron inteligencia artificial para releer esos estudios, la detección superó la de los programas tradicionales de cribado.

En Taiwán, Pan-Chyr Yang, neumólogo de la National Taiwan University, y su equipo realizaron tomografías a más de 12.000 no fumadores con factores de riesgo: detectaron enfermedad en el 2% de los casos, la mayoría en etapas iniciales. El resultado impulsó, en 2022, un programa nacional de cribado para no fumadores con antecedentes familiares.

Expandir el acceso al cribado podría aumentar las detecciones. Un estudio citado por Nature estimó que solo el 35% de los pacientes con cáncer de pulmón cumple actualmente con los criterios estadounidenses de cribado. Si se ampliara a personas de 40 a 85 años sin importar antecedentes, la detección alcanzaría el 94%, y se evitarían 26.100 muertes por año en ese país.

Tratamientos: más años de control, pero no una cura definitiva

En casos avanzados, el abordaje cambió en las últimas dos décadas: en muchos no fumadores se utilizan terapias dirigidas contra mutaciones específicas responsables del crecimiento tumoral. Estos fármacos orales, en pacientes seleccionados, extendieron el control de la enfermedad.

David Carbone explicó a Nature el contraste: hace 20 años, la mediana de supervivencia con quimioterapia era de ocho meses. Hoy, en quienes reciben terapias orales, la mediana todavía “no se ha alcanzado” y “probablemente esté cerca de 10 años”.

Nguyen mantiene el cáncer controlado con una terapia dirigida que redujo tumores en cerebro y pulmón. Convive con efectos adversos, como problemas de memoria y niebla mental, y con un límite frecuente: con el tiempo puede aparecer resistencia en subpoblaciones celulares y la enfermedad puede volver a progresar.

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