Desde el triunfo del soberanista William Lai (Lai Ching-te) en las elecciones del pasado 13 de enero, China ha mantenido sin grandes cambios su campaña de presión sobre Taiwán, mediante una serie de medidas encaminadas a condicionar al próximo Gobierno taiwanés.
Considerado como un “independentista” y un “alborotador” por Beijing, Lai asumirá el cargo de presidente el 20 de mayo tras una ceremonia de investidura en el palacio presidencial de Taiwán, en donde pronunciará un discurso que será seguido muy de cerca por las autoridades chinas.
Durante el tiempo transcurrido entre los comicios y su toma de posesión, Lai ha reiterado en varias ocasiones su oferta de diálogo a China “sin condiciones previas”, una postura rechazada por el Gobierno de Beijing, para el que ese diálogo sólo es posible en torno al principio de “una sola China”.
En este contexto de nulo contacto oficial entre ambas partes, China ha llevado adelante un conjunto de acciones militares, políticas y económicas con la intención de dificultar las labores de gobierno del nuevo mandatario isleño.
Taiwán, que aún mantiene el reconocimiento diplomático de doce países, entre ellos Paraguay y Guatemala, tampoco está previsto que participe en la asamblea general de la Organización Mundial de la Salud (OMS) este año debido al rechazo chino a su presencia.











