Uno de los asuntos centrales de la COP29 girará en torno a la financiación climática. En 2009 se estableció el objetivo de que todos los países desarrollados aportasen 100.000 millones de dólares al año para financiar la acción climática de los países en vías de desarrollo. Sin embargo, tal y como explican desde el World Resources Institute (WRI, por sus siglas en inglés), y según los últimos datos de la OECD, este objetivo solo se ha cumplido en 2022, pero la cifra acordada resulta hoy totalmente insuficiente.
“La realidad es que las necesidades financieras de los países en desarrollo superan con creces lo que actualmente les llega. Eso debe cambiar en la COP29”, señalan desde el WRI. Los participantes en la cumbre de este año deberán trabajar en el Nuevo Objetivo Cuantificado Colectivo (NCQG, por sus siglas en inglés), para pactar un renovado objetivo financiero, realista y adaptado a las nuevas necesidades y realidades con el que apoyar a los países en vías de desarrollo a partir de 2025.
“En la COP29 en Bakú, todos los gobiernos deben acordar un nuevo objetivo para el financiamiento climático internacional que realmente responda a las necesidades de los países en desarrollo”, asegura Simon Stiell, secretario ejecutivo de ONU Cambio climático. “La COP29 debe ser una COP firme, que reconozca que el financiamiento climático es una actividad fundamental para salvar la economía global y miles de millones de vidas y medios de subsistencia de los devastadores impactos climáticos”.
De forma similar se manifiesta el ministro de Ecología y recursos naturales de la República de Azerbaiyán y presidente de la COP29, Muxtar Babayev. “Debemos ampliar el acceso a la financiación en condiciones favorables, agilizar las vías de acceso a los fondos para el clima y aprovechar estos recursos para reducir tanto el riesgo como los costes”, señaló en una entrevista a la agencia EFE.
“La última gran oportunidad”
Otro de los grandes objetivos de la COP29 es que los países intensifiquen sus compromisos climáticos para reducir sus emisiones a nivel nacional y adaptarse a los efectos del cambio climático. Estos compromisos se conocen como Contribuciones Determinadas a Nivel Nacional (NDC, por sus siglas en inglés) y son herramientas clave para coordinar la acción climática global.
Estas contribuciones deben actualizarse cada cinco años y la próxima fecha límite llega pocos meses después de la COP29. “Esto hace que la cumbre de la ONU en Bakú sea la última gran oportunidad para establecer expectativas claras sobre a qué debería aspirar esta próxima generación de NDC”, señalan desde el WRI.

A estos dos grandes objetivos se suman otros, como terminar de definir y aumentar los compromisos del mecanismo de pérdidas y daños; regular los mercados de carbono y poner en marcha el artículo 6 del Acuerdo de París (que permite a los países cooperar voluntariamente para mejorar sus acciones de mitigación y adaptación, promoviendo el desarrollo sostenible); avanzar en negociaciones sobre transición justa, planes de adaptación o seguridad alimentaria y, por supuesto, establecer cómo dar un paso adelante para abandonar los combustibles fósiles.
Además, la Alianza de CEOs Líderes por el Clima promovida por el World Economic Forum (WEF), en una carta firmada por más de 110 presidentes y CEOS de grandes compañías –entre ellas BBVA– hacen un llamamiento a los líderes mundiales y participantes en la COP29 a “redoblar esfuerzos en la acción climática”. En concreto, la carta insta a gobiernos y empresas a combinar esfuerzos y abordar retos porque “cada fracción de grado cuenta” en la carrera hacia el objetivo de cero emisiones netas en 2050.







