REDACCIÓN.- Lo que parecía una recuperación normal tras una cesárea se convirtió en una pesadilla para Aleshia Rogers, una madre de 27 años cuyo cuerpo reaccionó de manera devastadora a un medicamento que había tomado sin problemas durante toda su vida, el ibuprofeno.
Todo comenzó con un sarpullido, seguido por dolorosas ampollas que desfiguraron su rostro. En cuestión de horas, su piel empezó a desprenderse “en láminas”, según relataron los médicos. El diagnóstico fue síndrome de Stevens-Johnson (SJS), una reacción inmune extremadamente rara, considerada potencialmente mortal.
La gravedad del cuadro obligó a los especialistas a inducirla a un coma médico mientras luchaban contra un fallo multiorgánico. En ese proceso, Rogers recibió un trasplante de membrana ocular, un procedimiento de emergencia para salvar su visión. Las probabilidades de supervivencia eran mínimas: apenas un 10%.
Contra todo pronóstico, tres semanas después despertó. Su cuerpo estaba marcado por cicatrices y su rostro irreconocible, pero estaba viva. Hoy continúa en recuperación, con secuelas físicas y emocionales, pero decidida a contar su historia para generar conciencia sobre el SJS y los riesgos ocultos incluso en medicamentos de uso común.
“Uno nunca piensa que una pastilla que has tomado toda tu vida pueda casi matarte. Pero pasa, y quiero que la gente lo sepa”, expresó Rogers en declaraciones recogidas por medios locales.
El síndrome de Stevens-Johnson afecta a entre una y dos personas por cada millón al año, según estimaciones médicas.
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Suele desencadenarse como reacción a ciertos fármacos, aunque también puede aparecer por infecciones. La rapidez de su evolución y la agresividad con que daña la piel y mucosas hacen que sea considerado una emergencia médica de alto riesgo.
Aleshia Rogers, hoy madre de un recién nacido, se ha convertido en un ejemplo de resiliencia.
Mientras continúa su proceso de recuperación, busca crear conciencia sobre esta enfermedad y apoyar a otras personas que puedan enfrentar situaciones similares.







