Cada 3 de marzo se celebra el Día Mundial de la Audición, fecha en la que especialistas ponen el foco en la prevención, el diagnóstico temprano y el uso de nuevas tecnologías para reducir el impacto de la pérdida auditiva en millones de personas.
Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), se estima que para 2050 habrá casi 2.500 millones de personas con algún grado de pérdida auditiva, y más de 700 millones necesitarán rehabilitación. Actualmente, 430 millones de personas presentan pérdida auditiva discapacitante, incluyendo 34 millones de niños, quienes requieren intervención especializada para mejorar su capacidad auditiva.
La OMS define la pérdida auditiva como un umbral mayor a 35 decibelios (dB) en el oído con mejor capacidad, y advierte que puede presentarse de manera leve, moderada, grave o profunda, en uno o ambos oídos. La detección temprana y la prevención a lo largo de la vida, mediante estrategias de salud pública y cuidado clínico, son fundamentales para minimizar sus efectos.
Entre los factores de riesgo en adultos destacan la exposición a ruidos intensos y el consumo de medicamentos ototóxicos, mientras que en la infancia, casi el 60 % de los casos se podrían prevenir con vacunas, atención perinatal y control de infecciones. El uso responsable de medicamentos, la protección auditiva en entornos laborales y estrategias de escucha segura en actividades recreativas son medidas clave.
En América Latina, cerca de 30 millones de personas viven con pérdida auditiva, de las cuales 5 millones presentan formas severas. En Argentina, cada año nacen entre 700 y 1.200 niños con pérdida auditiva, mientras que alrededor de 500.000 personas adultas enfrentan dificultades significativas para escuchar.
La doctora Liliana Tiberti, especialista en Otología y Otoneurocirugía del Hospital Británico, destaca que “escuchar es mucho más que percibir sonidos. Es esencial para el desarrollo del lenguaje, el aprendizaje y la interacción social”. Por ello, la detección y el tratamiento tempranos son determinantes para evitar complicaciones en el desarrollo y la integración de las personas, especialmente en la infancia.
Para quienes presentan pérdida auditiva severa o profunda que no responde a audífonos, el implante coclear ofrece una alternativa eficaz. Este dispositivo, compuesto por una parte externa que capta sonidos y un elemento interno que estimula el nervio auditivo, permite que el cerebro perciba los sonidos de forma distinta, mejorando la comunicación y la integración social. La cirugía va seguida de un proceso de rehabilitación intensiva que comienza aproximadamente un mes después de la intervención.
La Dra. Tiberti subraya que el diagnóstico precoz y el acceso a tratamientos adecuados no solo mejoran la calidad de vida, sino que también previenen aislamiento social, deterioro cognitivo y pérdida de autonomía en la adultez. Desde su primera aplicación en América Latina en 1980 en el Hospital Británico de Buenos Aires, el implante coclear ha transformado la vida de miles de personas con hipoacusia significativa, consolidándose como una herramienta clave de integración y comunicación.







