Aunque el descenso hormonal suele asociarse con la menopausia femenina, los hombres también experimentan cambios a medida que envejecen. Conocida como andropausia o hipogonadismo masculino de inicio tardío, este fenómeno implica una disminución gradual de la testosterona y puede manifestarse con síntomas físicos, sexuales y emocionales.
Según el urólogo y andrólogo Gonzalo Vitagliano, la disminución de testosterona comienza silenciosamente entre los 35 y 40 años, mientras que los síntomas suelen hacerse más frecuentes entre los 45 y 55 años. “A diferencia de la menopausia, el descenso es paulatino y no afecta a todos los hombres de igual manera”, aclaró.
Síntomas frecuentes
Entre los signos más comunes se incluyen:
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Disminución del deseo sexual y pérdida de erecciones matinales
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Fatiga persistente y decaimiento
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Incremento de grasa abdominal y pérdida de masa muscular
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Cambios en el ánimo, irritabilidad y dificultad para concentrarse
El doctor Omar Layus destacó que no todos los hombres con baja testosterona presentan síntomas y que otros factores, como estrés o depresión, pueden influir. “Es clave diferenciar entre causas hormonales y emocionales”, señaló.
Diagnóstico y estudios recomendados
El diagnóstico combina evaluación clínica y análisis de laboratorio. Se solicitan:
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Testosterona total y libre
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Hormonas LH, FSH, SHBG y prolactina
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Evaluación del antígeno prostático específico (PSA)
Se recomienda repetir los estudios para confirmar la deficiencia hormonal y descartar factores secundarios como obesidad, apnea del sueño o uso de ciertos medicamentos. Los especialistas sugieren controles regulares a partir de los 50 años.
Opciones de tratamiento
No todos los hombres con testosterona baja requieren terapia hormonal. La intervención se considera si hay síntomas clínicos y confirmación en laboratorio. Las opciones incluyen:
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Gel transdérmico, inyecciones intramusculares o pellets subcutáneos
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Alternativas para preservar la fertilidad: clomifeno o hCG
Los beneficios documentados abarcan mejora del deseo sexual, aumento de energía, incremento de masa muscular, reducción de grasa abdominal y fortalecimiento óseo. Sin embargo, la terapia hormonal puede implicar riesgos: está contraindicada en cáncer de próstata activo, puede aumentar el hematocrito y afectar la fertilidad.
Prevención y estilo de vida
El ejercicio regular, la alimentación equilibrada, el control del peso, el descanso adecuado y el manejo del estrés pueden retrasar la aparición de síntomas y aumentar hasta un 30% los niveles hormonales, según estudios. La prevención es clave para reducir el impacto de la andropausia y mantener la calidad de vida.
En definitiva, la andropausia no es un destino inevitable: su efecto depende del estilo de vida, el seguimiento clínico y la intervención oportuna.







