Santo Domingo. – El coordinador del Observatorio de Políticas Públicas de la Universidad Autónoma de Santo Domingo (UASD), Fernando Peña, aseguró que el presidente Luis Abinader estaría utilizando la figura de la vicepresidenta Raquel Peña como una aparente sucesora con fines estratégicos dentro del Partido Revolucionario Moderno (PRM), para su reelección.
“Abinader está preparando a Raquel Peña como una aparente sucesora, pero en realidad es para crear un problema interno en el PRM y entonces presentarse él como el salvador del proceso, lo que le daría paso a la modificación de la Constitución para reelegirse”, advirtió Peña.
Durante una entrevista en el programa Matutino Su Mundo, Peña explicó, que con esta maniobra Abinader busca generar tensiones internas en la organización política para luego abrirle el camino a una eventual reforma constitucional que permita la repostulación del mandatario.
“El presidente ha hecho una escuelita con la vicepresidenta, la ha puesto a jugar todas las funciones centrales del Estado, la está preparando. Ella es la candidata del presidente, le garantiza su reelección”, aseguró.
El analista sostuvo que el mandatario ha convertido a la vicepresidenta en la figura clave de su gestión, otorgándole responsabilidades centrales en el Estado, especialmente en el sector salud, donde encabezó el Gabinete durante la pandemia.
Un proyecto político desde Santiago
Peña indicó que Raquel Peña representa al sector empresarial y político más conservador de Santiago, la misma región de origen del presidente Abinader, lo que refuerza la idea de una candidatura construida desde esa base territorial y económica.
Asimismo, relacionó la estrategia gubernamental con movimientos en sectores estratégicos como el Banco de Reservas y la Refinería Dominicana de Petróleo, vinculando esas designaciones con planes de expansión hacia países del Caribe, como Guyana, donde Abinader ha mostrado un interés particular en proyectos productivos.
Críticas al PRM: “no es un partido, es una franquicia”
El académico cuestionó el funcionamiento interno del Partido Revolucionario Moderno (PRM), asegurando que no opera como una organización política estructurada, sino como una “franquicia de gobierno”.
“¿Cuántas veces se ha reunido el PRM después de que Abinader asumió? Se cuentan con los dedos de una mano. No es un partido, es una franquicia”, afirmó.
Vocación autoritaria
Peña advirtió que, de imponerse la candidatura de la vicepresidenta, el país se encamina hacia un esquema de concentración de poder con rasgos autoritarios. Señaló como ejemplo la reciente aprobación del Código Penal y la propuesta de leyes de seguridad, que calificó como “neofascistas”.
“Estamos caminando hacia una vocación totalitaria. El PLD lo hizo en 18 años, este gobierno lo está haciendo en seis”, dijo, tras denunciar que en el país se criminaliza la protesta social y se reprime la disidencia.
Posible modificación constitucional
En cuanto a una eventual modificación de la Constitución, Peña aseguró que, de intentarse, el país entraría en una etapa de alta conflictividad.
“Obviamente que aquí habría una reacción nacional de inmediato. Y lo digo porque todos los pasos indican que el gobierno se proyecta en esa dirección, sin abandonar ese camino. No lo digo yo, lo han dicho dirigentes del propio PRM”, aseguró.
El coordinador advirtió que la situación del país podría tornarse crítica en un plazo no mayor a un año, al considerar que la imposición del nuevo Código Penal no está concebida para un proceso a largo plazo, sino para aplicarse de manera inmediata. Señaló que dicha medida generaría escenarios de rebelión y desobediencia civil, al entender que atenta contra las bases democráticas que sustentan la vida política nacional.
“Si el presidente manda a someter una reforma para habilitar la reelección, habrá rebelión y desobediencia civil. Eso no es solo un debate de reelección, es la imposición de una lógica de fascistización de la vida política nacional”, subrayó.
Peña enfatizó que la República Dominicana enfrenta un momento decisivo, en el que el gobierno debe rectificar su rumbo y abrir espacios de diálogo en lugar de imponer restricciones. Advirtió que solo garantizando el respeto a los derechos fundamentales, como la protesta y la libre expresión, se podrá preservar la estabilidad democrática y evitar que el país caiga en una espiral de conflictividad social.











