Durante sus más de 20 años al frente de Amazon, Jeff Bezos optó por mantener un salario anual de apenas 80.000 dólares, una cifra relativamente baja para un director ejecutivo de una compañía de su tamaño. Según relató durante el DealBook Summit del New York Times en 2024, solicitó expresamente al comité de compensación de la empresa no recibir bonificaciones ni beneficios adicionales.
Bezos explicó que su decisión no respondía a estrategias de imagen ni a presiones externas, sino a una convicción personal: no se sentía cómodo con la idea de recibir más remuneración. La verdadera compensación para él estaba vinculada al valor de sus acciones en la compañía, ya que su riqueza personal creció principalmente por la valorización de Amazon, donde llegó a poseer alrededor del 10 % del capital social.
Durante la cumbre, Bezos estimó que su participación accionaria representaba cerca de 200.000 millones de dólares dentro de una capitalización bursátil de 2,3 billones de dólares de Amazon. Señaló que su objetivo era alinear su interés financiero con el desempeño de la empresa y que la acumulación de riqueza personal no dependía de su salario anual.
Entre 2007 y 2011, la política de compensación de Bezos tuvo efectos fiscales: según un informe de ProPublica citado por Fortune, logró evitar el pago de impuestos federales sobre la renta debido a que las pérdidas en inversiones superaron sus ingresos salariales. Entre 2014 y 2018, su “tasa impositiva real” fue de 0,98 %, por debajo del máximo impositivo federal del 37 % en Estados Unidos, un fenómeno que también aplicaron otros multimillonarios como Elon Musk y Warren Buffett.
Tras dejar el cargo de CEO en 2021 y asumir la presidencia de Amazon, Bezos sigue participando en decisiones estratégicas y en la dirección de la compañía, aunque ya no interviene en la gestión cotidiana. Continúa vendiendo acciones de manera periódica, siguiendo un plan de largo plazo que prevé desprenderse de 25 millones de títulos antes de finales de 2025.







