jueves, abril 23, 2026
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La delgada línea: entre la prudencia y la autocensura frente a la era Trump

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La reciente advertencia de Rusking Pimentel, colaborador del senador Adriano Espaillat, dirigida a los comunicadores dominicanos, resuena con una innegable dosis de pragmatismo.

Señalar que los visados de trabajo o turismo podrían verse comprometidos por pronunciamientos críticos hacia la Administración Trump no es, en absoluto, una idea descabellada. De hecho, no encuentro en sus palabras un eco distópico, sino más bien un reflejo de la realidad que el presidente Donald Trump ha demostrado ser capaz de orquestar.

El historial de su presidencia, marcada por represiones a manifestantes, nuevas políticas arancelarias, y una notoria animosidad hacia figuras como Elon Musk, junto con decenas de órdenes administrativas que han redefinido el panorama político y social, nos ha enseñado que el poder, en sus manos, puede ejercerse de maneras inesperadas y, a menudo, contundentes.

La posibilidad de que se etiquete a individuos como “enemigos o contrarios” a un régimen y que esto tenga consecuencias migratorias, aunque preocupante, no es una fantasía irrealizable en este contexto.

Sin embargo, es precisamente en este punto donde la lógica de la prudencia choca frontalmente con la esencia misma del periodismo y la comunicación comprometida.

Si bien la advertencia de Pimentel tiene una base sólida en la realidad política estadounidense, la idea de que esto deba traducirse en autocensura es un camino peligrosamente resbaladizo.

El oficio del comunicador, especialmente aquel comprometido con la defensa de los derechos humanos y el respeto hacia los inmigrantes, sin importar su territorialidad, no puede permitirse el lujo de callar por temor a represalias personales.

La autocensura es el antídoto más potente para la verdad y el veneno más eficaz para la libertad de expresión. Cuando el miedo a la cancelación de un visado supera el imperativo moral de informar y opinar críticamente, la voz de la conciencia se silencia y el espacio público se empobrece.

Entiendo la complejidad del dilema. Nadie desea ver truncados sus proyectos personales o profesionales por el mero hecho de ejercer su libertad de expresión. Pero si cedemos a esta presión, si permitimos que el temor se convierta en el filtro de nuestras palabras, ¿qué clase de periodismo estaremos ofreciendo? ¿Seremos meros repetidores de discursos aprobados, o seremos los guardianes de la verdad, aun cuando esta sea incómoda o riesgosa?

El desafío, entonces, radica en encontrar un equilibrio delicado. Es fundamental que los comunicadores sean conscientes de los posibles riesgos y que ejerzan su profesión con la inteligencia y la estrategia necesarias.

Esto implica informarse a fondo, verificar los hechos y presentar argumentos sólidos y bien fundamentados. Pero bajo ninguna circunstancia debe significar el sacrificio de la voz crítica y el compromiso con los valores que definen el periodismo ético.

La era Trump ha sido, sin duda, un campo de pruebas para la democracia y la libertad de prensa en todo el mundo. La advertencia de Rusking Pimentel nos recuerda la seriedad de los tiempos que vivimos.

Pero también nos reta a reafirmar, con más fuerza que nunca, que el compromiso con la verdad y la defensa de los oprimidos no puede ser negociable, ni siquiera ante la sombra de la “cancelación” de un visado.

La voz del comunicador, cuando es valiente y comprometida, es un faro en la oscuridad, y apagarla, por conveniencia o por temor, sería una pérdida irreparable para la sociedad.

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Roberto Monclus
Roberto Monclus
Periodista, abogado, relacionista público, productor de contenidos, articulista y gestor de medios, con más de 30 años de experiencia profesional. Ha desarrollado una sólida trayectoria en radio, televisión y edición de resúmenes de prensa, destacándose por su versatilidad y compromiso con la comunicación estratégica. Ha sido director operativo de equipos de campañas electorales para importantes candidatos y agrupaciones políticas de la República Dominicana, aportando su conocimiento en relaciones públicas y comunicación política. Actualmente labora en el Parlamento Centroamericano (PARLACEN) y se postula como candidato independiente a diputado, con una visión centrada en la transparencia, el desarrollo social y la representación efectiva de los ciudadanos.
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