P. Enerio Vasquez.
Nunca como ahora se hace más cierto el pensamiento de Campo Amor. “En este mundo cruel y mordaz nada es verdad ni mentira todo depende del color del cristal a través del cual se mire”.
Lo ocurrido en Venezuela es un hecho sin precedente en la historia. Desde el punto de vista del derecho juridico es una operación ilegal de cabo a rabo. Empezando por el hecho de que el presidente Norte Americano debe consultar al Congreso y esperar su autorización para realizar una intervención en cualquier país. Y no lo hizo. Tampoco cumplió con ningún principio de derecho internacional, ni las Naciones Unidas. Estamos frente a una decisión unilateral, arbitraria y dictatorial de Donald Trump.
América para los americanos. Parece que la doctrina Monroe se revive en este momento con más fuerza y agresividad que antes. Trump, está enviando un mensaje claro al mundo y sobre todo a los pueblos Latino Americanos y el Caribe. USA, no permitirá compartir con otras Naciones su hegemonía en América. Lo ocurrido en Venezuela es una advertencia para los otros países de Latinoamérica y el Caribe.
Para quienes vemos la acción desde la óptica del respeto a la soberanía de cada país, es una intervención, un acto terrorista, un secuestro contra un jefe de Estado amparado por la constitución de su país y por los demás países del mundo. Una violación a la soberanía Nacional de Venezuela.
Al analizar los hechos posteriores y ver intacto el equipo de la cúpula que compartía el gobierno con Maduro, me huele a traición, a entrega del presidente por sus colaboradores más cercanos. A pesar de que Trump se adjudique los méritos de una operación relámpago exitosa. Sin dudas que la oferta de cincuenta millones de dólares quebró la voluntad de los más cercanos del presidente. Y es muy probable que esa negociación vaya más allá de esta oferta inicial, es lógico pensar que las riquezas y recursos naturales del país estén en juego, como también el posible monopolio con USA para el negocio petrolero.
Lo más triste de todo esto es que quien termine pagando la entrega de su mandatario será el pueblo venezolano, que a su vez es el que menos beneficios obtendrá.
Queda por ver cuál será la reacción de China y Rusia, aunque no me parece que sea significativa frente a un hecho ya consumado. Ahora bien, como tienen sus intereses en Venezuela seguro reclaman su parte en la repartición del pastel. A no ser que hubiera una negociación previa entre potencias bajo el lema: no se metan con mi patio trasero que a su vez haré lo mismo con Taiwan y Ucrania.
Es obvio que en este caso no tenemos nada en la mano que sea cierto para apoyar nuestra opinión.
Contemplo la situación muy difícil para nuestros países, ojalá que la presión constante, las amenazas y la inseguridad a que nos somete el Imperio, despierten en nuestros gobernantes el espíritu de unidad Latinoamericana y del Caribe y resurja de las hojas el sueño de la Gran Colombia.











