jueves, abril 23, 2026
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Ojo seco: causas más frecuentes, síntomas clave y cómo prevenir complicaciones

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El síndrome del ojo seco es una afección frecuente que afecta a millones de personas en todo el mundo. Se produce cuando los ojos no generan suficiente cantidad de lágrimas o cuando estas no ofrecen la calidad adecuada para mantener la superficie ocular lubricada, provocando irritación, sequedad y malestar.

Aunque suele asociarse al envejecimiento, este problema puede afectar a personas de cualquier edad y está influido por múltiples factores, tanto internos como externos, advierten especialistas de Harvard.

Principales causas y factores de riesgo

La producción de lágrimas disminuye naturalmente con la edad, convirtiendo al envejecimiento en uno de los factores de riesgo más relevantes. Sin embargo, existen otros elementos que pueden desencadenar o agravar el síndrome del ojo seco:

  • Cambios hormonales: especialmente durante la menopausia, pueden alterar la composición y cantidad de lágrimas.

  • Uso de medicamentos: antihistamínicos, descongestionantes, anticonceptivos orales o algunos antidepresivos pueden reducir la producción lagrimal.

  • Factores ambientales: exposición prolongada al aire acondicionado, calefacción o ambientes secos favorece la evaporación rápida de las lágrimas.

  • Uso de pantallas digitales: trabajar frente a computadoras, teléfonos o tablets disminuye la frecuencia del parpadeo, reduciendo la hidratación ocular.

  • Otras enfermedades: patologías autoinmunes, diabetes o trastornos tiroideos pueden asociarse a la sequedad ocular.

  • Lentes de contacto y cirugías previas: pueden modificar la película lagrimal y favorecer síntomas.

Síntomas más comunes

El síndrome del ojo seco puede manifestarse con molestias leves o convertirse en un trastorno incapacitante. Entre los síntomas más frecuentes se encuentran:

  • Irritación, picazón o sensación de ardor.

  • Sensación de arenilla o cuerpo extraño en los ojos.

  • Enrojecimiento ocular persistente.

  • Visión borrosa o fluctuante a lo largo del día.

  • Sensación viscosa y fatiga ocular.

  • Sensibilidad a la luz (fotofobia).

  • Disminución de lágrimas al llorar.

La falta de lubricación puede facilitar infecciones e incluso producir lesiones en la córnea si no se atiende a tiempo.

¿A quiénes afecta más?

El síndrome del ojo seco afecta con mayor frecuencia a personas mayores de 50 años, aunque no se limita a este grupo. Las mujeres presentan mayor riesgo, especialmente por cambios hormonales asociados con la menopausia.

También son más vulnerables quienes toman medicación crónica, usan dispositivos digitales de manera continua o trabajan en ambientes secos o polvorientos. La combinación de estos factores aumenta la susceptibilidad a la sequedad ocular.

Prevención y hábitos recomendados

Incorporar ciertos hábitos en la vida diaria ayuda a reducir el riesgo o la intensidad del síndrome del ojo seco:

  • Moderar el tiempo frente a pantallas y realizar pausas visuales frecuentes.

  • Parpadear de manera consciente para mantener húmeda la superficie ocular.

  • Usar humidificadores en espacios cerrados y climas secos.

  • Proteger los ojos del viento, polvo y humo con gafas adecuadas.

  • Mantener una dieta equilibrada y rica en ácidos grasos omega-3, que mejora la calidad de las lágrimas.

Tratamientos actuales

El tratamiento del síndrome del ojo seco se orienta a aliviar los síntomas y, cuando es posible, corregir la causa subyacente. Entre las opciones más habituales se encuentran:

  • Lágrimas artificiales y geles lubricantes: alivio y protección temporal.

  • Ungüentos oftálmicos: especialmente para uso nocturno, brindan hidratación prolongada.

  • Medicamentos antiinflamatorios y estimulantes de secreción lagrimal: indicados en casos moderados o graves.

  • Dispositivos y procedimientos médicos: tapones lagrimales, tratamientos con luz pulsada o dispositivos térmicos para mejorar la función de las glándulas de los párpados.

  • Corrección de factores externos o ajustes en medicación, siempre bajo supervisión médica.

Ante síntomas persistentes, como sequedad, irritación o visión borrosa, es fundamental acudir a un profesional de la salud visual. Un diagnóstico adecuado permite descartar otras enfermedades, identificar la causa exacta y determinar el tratamiento más eficaz para evitar complicaciones.

No automedicarse ni minimizar las molestias visuales contribuye a mantener una buena calidad de vida y a preservar la salud ocular. El seguimiento regular y la orientación de un oftalmólogo aseguran atención personalizada y adecuada para cada caso.

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