La recuperación emocional tras una tragedia ferroviaria como la ocurrida este domingo en Adamuz, Córdoba, donde al menos 39 personas perdieron la vida, puede extenderse hasta un año. Durante ese período es habitual que las personas afectadas experimenten picos de angustia, malestar emocional, temblores y pesadillas en las que se revive lo sucedido.
Así lo explicó a EFE la psicóloga de Emergencias del Colegio de Psicólogos de Madrid, Mónica Pereira, quien indicó que estos síntomas suelen ser más intensos durante el primer mes posterior al suceso. En esta etapa también pueden aparecer alteraciones del sueño, como insomnio o hipersomnia. No obstante, precisó que estas reacciones forman parte del proceso natural del cerebro para asimilar una experiencia traumática.
Según la especialista, aproximadamente el 80% de las personas que viven una tragedia de este tipo logra superarla sin ayuda profesional, mientras que un 10 % necesita apoyo psicológico especializado. Otro 10% experimenta un crecimiento personal tras el evento, al descubrir recursos internos de afrontamiento, un fenómeno conocido como resiliencia.
Pereira recomendó pedir ayuda profesional si la persona siente que el proceso de recuperación se estanca. Aseguró que en el 99% de los casos el trauma se supera, aunque algunos síntomas, como las pesadillas intensas o la reexperimentación constante del accidente, pueden resultar especialmente perturbadores.
Tras sucesos de esta magnitud, explicó, muchas personas modifican su forma de ver el mundo. “Vivimos con la idea de que somos infalibles y un accidente así nos enfrenta a la realidad de que la vida conlleva riesgos”, señaló.
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Por ello, destacó la importancia del acompañamiento psicológico, que permite ofrecer herramientas para relativizar el miedo constante y reducir la sensación de peligro permanente.
La psicóloga indicó que, tras una tragedia, el equilibrio emocional se ve alterado y se inicia un proceso gradual para recomponerlo. Es habitual que los supervivientes marquen el accidente como un punto de inflexión en sus vidas, estableciendo un “antes” y un “después”.
Durante el primer año también es frecuente analizar repetidamente lo ocurrido, lo que puede intensificar temporalmente la sintomatología. No obstante, el impacto final dependerá del daño físico sufrido, ya que no es lo mismo haber salido ileso que enfrentar una lesión permanente.
En las primeras horas y días posteriores al accidente, son comunes las crisis de ansiedad, el llanto, la confusión, el estupor y una profunda tristeza. Ante estas situaciones, los psicólogos de emergencias realizan una primera intervención basada en la escucha activa y la evaluación del estado emocional del afectado.
El objetivo de esta atención es ayudar a la persona a construir un relato realista de lo vivido, de modo que pueda comprender la experiencia y avanzar desde el trauma hacia la recuperación.







