A la oposición dominicana: Unirse ahora, o resignarse a otros cuatro años más del PRM

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Por: Ismael Reyes
Presidente del PDI

 

Con las elecciones de mayo de 2028 en el horizonte, la oposición dominicana enfrenta una encrucijada que ya conoce demasiado bien. El desgaste natural de un gobierno que estará culminando dos períodos consecutivos con sus tensiones económicas y el cansancio propio de dos periodos en el poder debería ser terreno fértil para el cambio.

Y sin embargo, el presidente Luis Abinader conserva a nivel personal una popularidad que nadie puede negar, por la forma sencilla cómo se maneja como jefe del Estado Dominicano. Solo el tres veces expresidente de la República, Dr. Leonel Fernández por sus condiciones personales hoy compite con él. Esa es la realidad incómoda que la oposición debe asumir si de verdad aspira a gobernar.

El Partido de la Liberación Dominicana y la Fuerza del Pueblo llegan a esta contienda arrastrando una división, que a ratos, parece insalvable.

Las diferencias entre sus liderazgos históricos han pesado más que el objetivo común de desplazar al oficialismo, y esa fragmentación ha sido, paradójicamente, uno de los mayores activos del PRM, que luce decidido a quedarse en el poder.

Un partido gobernante que enfrenta desgastes naturales del que está en el poder y un abanico de precandidatos internos sin la fuerza necesaria para medirse solos, no debería ser imbatible. Pero lo es, mientras la oposición insista en competir dividida.

La aritmética electoral no perdona.

Repartir el voto opositor entre dos o más proyectos distintos, no le resta apoyo al PRM: por el contrario lo consolida, porque le basta con mantener su base y dejar que el resto se disperse entre sus adversarios.

La historia reciente de la política dominicana ya ha demostrado que las coaliciones tardías, hechas por conveniencia y sin visión de país, no generan la confianza necesaria para vencer a un oficialismo con maquinaria y recursos del Estado a su favor.

Creo, que un verdadero frente común no puede limitarse a una alianza de cúpulas: necesita una propuesta compartida, un mensaje que hable directamente al ciudadano cansado, y liderazgos dispuestos a ceder protagonismo por el bien de un proyecto mayor.

El país necesita alternancia real y una oposición capaz de ofrecerla. Pero esa alternancia no llegará por el simple desgaste del gobierno de turno; llegará únicamente si quienes aspiran a sucederlo entienden que la unidad no es una opción táctica más, sino la única vía posible. La responsabilidad histórica está en sus manos.

La gran pregunta que deben responderse los partidos de oposición hoy, no es si pueden ganar solos en las elecciones generales del 2028, sino si están dispuestos a perder juntos otra vez.

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