De Moisés a Laudato si, el descanso de la tierra

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La coherencia de Dios en los asuntos humanos. Un texto dorado insustituible.

En Levítico veinticinco se establece el descanso de la tierra cada siete años: el año sabático. “Durante seis años los israelitas deben trabajar la tierra y cuidar sus viñas, pero el séptimo año deben dejar la tierra en reposo, sin sembrar ni cosechar. La tierra en este año produce por sí sola y lo que crece está destinado para el consumo de las personas, sus animales y los extranjeros que viven en la tierra”.

Guardando la distancia histórica, consideremos la estrategia en su contexto.

Hoy sabemos que la explotación desmedida de los recursos naturales del planeta, la aceleración industrial, la producción y extracción de minerales del fondo de la tierra, y el consumo indiscriminado de combustibles fósiles han degradado el planeta y nos han llevado a una crisis global que amenaza la existencia de la vida en la Tierra tal como la conocemos.

Desde el siglo XIX se ha dado la voz de alarma por el calentamiento del planeta y el cambio climático.

Científicos, religiosos y políticos han puesto su interés en el tema; se han celebrado cumbres con los líderes de las élites de poder mundial y se han planteado diversas soluciones. Pero todo ha quedado en el vacío: no se han dado acciones concretas que frenen el deterioro y el calentamiento de la Tierra.

En ese sentido, podemos afirmar que la encíclica Laudato si’ del papa Francisco reúne las propuestas más significativas de los últimos tiempos. Una propuesta integral.

Una serie de recomendaciones plausibles que demandan respuestas colectivas y un cambio en el estilo de vida; es como volver a empezar. Una invitación a escuchar el grito de la Tierra y de los pobres, a abrazar una economía ecológica sostenible.

Veamos algunas de sus propuestas:

A) Cambio en el consumo y la dieta. Reducir el consumo de plástico. Optar por el transporte público.
B) Fomentar modelos económicos que valoren la naturaleza y no solo los beneficios.
C) Integrar la ecología a la educación formal e informal; procurar una conexión espiritual con la naturaleza.
D) Participar y promover la siembra de especies nativas y proteger a los polinizadores.
F) Integrar a la comunidad a la lucha medioambiental y defender y proteger a los más vulnerables.

Las grandes corporaciones capitalistas, sin rostros visibles, tal vez no estén preparadas para asumir el desafío, pero las propuestas están ahí, frente al mundo. Moisés no está, solo el Levítico; Francisco no está, solo su encíclica; y Dios sigue siendo invisible, pero real. En medio del caos emerge como signo de esperanza en los Moisés y los Franciscos de este tiempo.

Padre Enerio Vásquez

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