Un nuevo estudio sugiere que la lactancia materna podría desempeñar un papel clave en la prevención de alergias alimentarias en niños, especialmente cuando se combina con ciertos factores ambientales.
Investigadores de la Universidad de Rochester analizaron a bebés menonitas de la antigua orden en Nueva York y encontraron que tenían sistemas inmunitarios más maduros y niveles más altos de anticuerpos durante el primer año de vida, en comparación con niños que viven en entornos urbanos.
El estudio, publicado en Science Translational Medicine, reveló que estos anticuerpos provienen de la leche materna, cuyas madres consumen regularmente alimentos como huevos, lo que incrementa los niveles de anticuerpos específicos a estos alimentos. Los bebés con mayor exposición a estos anticuerpos mostraron menor riesgo de desarrollar alergia al huevo.
No obstante, la leche materna no es el único factor de protección. La exposición diaria a animales de granja, la interacción con distintos gérmenes, un menor uso de antibióticos y patrones específicos de microbiota intestinal también contribuyen a reducir el riesgo de alergias.
Actualmente, los investigadores realizan un ensayo clínico para evaluar si la dieta materna durante el embarazo y la lactancia puede ofrecer una capa adicional de protección contra las alergias infantiles.
Este hallazgo abre la puerta a estrategias prácticas y seguras para disminuir la incidencia de alergias alimentarias en distintas comunidades y mejorar la salud infantil a largo plazo.











